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FUNDAMENTACION SOBRE LA IMPORTANCIA DE MOVILIZARSE POR EL DESARME NUCLEAR MUNDIAL, LA PAZ Y LA NO-VIOLENCIA – (15/12/08) 


Algunas aclaraciones respecto de este trabajo.
Este material ha sido elaborado por una comisión conformada por miembros del Movimiento Humanista de Argentina (Lía Méndez, Luis Ammann, Fernando García, Eduardo Montes, Víctor Piccininni y Guillermo Sullings) El interés del mismo es el de apoyar la Marcha Mundial en Argentina, brindando información, elementos de juicio, y un enfoque humanista acerca la actual situación mundial de creciente violencia, y en particular sobre el riesgo que representan los arsenales nucleares en ese contexto, con el fin de contribuir a la toma de conciencia del pueblo argentino sobre tales temas.

Para facilitar una comprensión integral sobre estos temas, se ha redactado en primer lugar un Planteo General, en el que se intenta sintetizar y articular la argumentación general, mientras que para poder profundizar en lo más específico, se acompañan seis anexos.

En el primer anexo se desarrolla la temática de la inminencia del riesgo nuclear en el actual contexto mundial. IR AL ANEXO I

En el segundo se relaciona al armamentismo con los intereses económicos. IR AL ANEXO II

En el tercero se profundiza sobre los diversos tipos de violencia. IR AL ANEXO III

En el cuarto se desarrollan planteos y propuestas encuadrados en la metodología de la No-Violencia. IR AL ANEXO IV

En el quinto anexo se mencionan los objetivos de la Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia. IR AL ANEXO V

En el sexto anexo de reflexiona acerca de la necesidad de concientización sobre el tema nuclear en Argentina, y particularmente en las nuevas generaciones. IR AL ANEXO VI  

PLANTEO GENERAL


La inminente posibilidad de un desastre nuclear

Posiblemente muchas personas conocen, o al menos imaginan, el potencial destructivo de los arsenales nucleares distribuidos hoy en el planeta, capaces de hacerlo estallar varias veces.
Posiblemente muchas personas conocen, o al menos imaginan, que ningún país del mundo, aunque no fuese blanco directo de un ataque nuclear, quedaría a salvo de las terribles consecuencias del mismo.
Pero lo que seguramente la mayoría de las personas no conoce ni se atreve a imaginar, es que la posibilidad de concreción de tales ataques, está en este momento más cercana que nunca. Si se cayera en cuenta de esto, si se tomara conciencia de la gravedad de la situación, este tema debiera pasar a ser una preocupación central.
Estamos diciendo que llegó la hora de que los pueblos salgan a las calles para torcer el rumbo de los acontecimientos, que hoy por hoy, bajo el descontrol de gobiernos irresponsables, nos están llevando aceleradamente hacia el desastre nuclear.

Seguramente algunos piensan equivocadamente, que el genocidio de Hiroshima y Nagasaki fue una fatalidad irrepetible del pasado, o que el peligro de una conflagración nuclear concluyó cuando acabó la Guerra Fría. Sin embargo, durante todo este tiempo, los arsenales nucleares no solamente han ido creciendo en cantidad y potencial destructivo, sino que se han ido sofisticando y han proliferado, al punto tal de poder llegar a ser utilizados por una variedad muy amplia de dementes. Hoy en día, tanto los gobernantes de los denominados “países serios” (principales fabricantes de armas), como los de aquellos países catalogados como “poco serios”, como también algunas organizaciones terroristas, pueden llegar a utilizar estas armas en cualquier momento. Y no solamente pueden, sino que ya han manifestado, explícita o implícitamente, sus intenciones de hacerlo. El despliegue de un escudo estelar en Europa, por parte de USA y sus aliados, no tiene otra finalidad que prepararse para un contraataque (lo que significa que se está pensado en atacar a alguien). La proliferación descontrolada de armas nucleares, y la posibilidad de transportarlas hasta en un maletín, nos dejan también a merced de que caigan en manos del terrorismo (tan irresponsable como los supuestos “gobiernos serios”).

Alguna vez se pensó, que con la caída del Muro de Berlín, se entraría en un “Nuevo Orden Mundial”, donde las hipótesis de conflictos bélicos disminuirían sensiblemente. Como en los mejores culebrones propagandísticos hollywoodenses, una vez derrotado el “villano comunista”, la paz y la prosperidad dominarían en el paraíso del “fin de la historia”. A cambio de esto, hemos ido desembocando en un “Nuevo Desorden Mundial”, donde los choques culturales, los fanatismos religiosos, los separatismos, la xenofobia, y el desquicio provocado por el capitalismo globalizado, han multiplicado el caos y la violencia.
La prepotencia de USA y sus aliados, para tratar de imponer un modelo cultural y económico hegemónico, no solamente ha generado los desastres propios de la aplicación de tal modelo, sino que, además, ha generado reacciones violentas de toda índole. El creciente apoyo popular a líderes belicistas, y la multiplicación del terrorismo, son algunas de las reacciones que se vienen produciendo en muchos pueblos que se sienten pisoteados por el denominado “Primer Mundo”.
Frente a estas reacciones, lejos de retroceder en su prepotencia, los poderes centrales las utilizan como pretexto para atribuirse el derecho a intervenir militarmente cualquier país, con el argumento de la “lucha contra el terrorismo” y la “defensa de la democracia”, a la vez que se van instalando en territorios ricos en recursos energéticos. Desde luego que esta política no hace más que potenciar nuevas reacciones, en un círculo vicioso de violencia que nos llevará al desastre.
Como ya anticipara Silo en 1993 (Sexta Carta a mis Amigos): “El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos”.

Hoy ya no existen fronteras para esta violencia, porque tanto las potencias militares como el terrorismo, consideran al mundo global como un único campo de batalla, y ningún país está exento de la misma.
Hoy la humillación cultural, la falta de futuro y el sometimiento económico, están produciendo un creciente ejército de seres que sienten que ya no tienen nada que perder, y que están totalmente dispuestos a inmolarse en un atentado terrorista contra cualquier objetivo, que para ellos represente a ese “primer mundo” de unos pocos privilegiados.
Hoy, la imperiosa necesidad de mantener por la fuerza su poder político y económico, hace que algunos líderes de los países centrales, que responden a los dictados del gran capital (ligado en muchos casos al complejo militar industrial), justifiquen ante su pueblo nuevas invasiones y masacres en otros países, con argumentos de seguridad nacional y defensa de un estilo de vida.
Pero a este hoy, de por sí terrible, puede seguirle un mañana mucho peor. Porque el actual colapso financiero internacional, que no es más que el estruendo de un sistema económico que se cayó hace tiempo, potenciará aun más la violencia y el desorden, poniendo a la humanidad al borde de la catástrofe nuclear.
La formidable crisis económica actual, valga decirlo, fue total responsabilidad de los “países serios”, y no fue prevista por sus “sesudos analistas y formadores de opinión”. Esto nos hace sospechar, que un futuro desastre nuclear, difícilmente será previsto o controlado a tiempo, por semejantes irresponsables e ineficientes personajes, que se atribuyen el derecho de manejar el mundo.
 
Mucho se habla ahora, al agudizarse la crisis, de la decadencia de algunas potencias económicas como USA, presuponiendo que la única implicancia de ello será que tendrán que ajustar sus niveles de consumo. Lamentablemente para el mundo, cada vez que algunas potencias comenzaron a perder poder y se desestabilizó el tablero político mundial, se desembocó en un desenlace violento. Las dos guerras mundiales del siglo XX son una muestra de ello. Pero esta vez la humanidad no puede permitirse un nuevo “desenlace natural violento”, como consecuencia de la interacción de las desordenadas fuerzas del poder económico, y de la violencia de los ejércitos imperiales, o del terrorismo. La humanidad no puede permitirse un nuevo desenlace bélico; en primer lugar, porque de una vez por todas es necesario ponerse de pie y salir de la prehistoria humana. Y en segundo lugar, porque la proliferación nuclear combinada con el desorden y violencia crecientes, debiera hacernos recordar aquella frase de Einstein:

“No sé con qué armas se luchará en la tercer guerra mundial, pero sí sé con cuales lo harán en la cuarta guerra mundial: palos y piedras”.


Lo que se debe hacer

Son numerosos y profundos los cambios que este mundo y esta sociedad necesitan transformaciones profundas en lo político, en lo económico, en lo social, en materia de salud, educación, de medio ambiente, y una extensa gama de materias.
Es mucho lo que hay que transformar para superar la violencia en todos sus aspectos: la violencia física, la violencia racial, la violencia sicológica, la violencia religiosa, la violencia económica, y tantos tipos de violencia que existen en la sociedad.
Pero para poner en marcha un definitivo proceso de cambios, y para llegar a tiempo con las soluciones, es prioridad número uno desactivar la bomba de tiempo que hoy está a punto de estallar.
Y para desactivar esa bomba de tiempo, es imprescindible comenzar ya mismo con el desarme nuclear de todos los países que poseen ese tipo de armas, y es condición necesaria el inmediato retiro de las tropas invasoras de los países ocupados.
Nada será posible si no se comienza por eso.
 
Ya la sola existencia de los arsenales nucleares, implica una posición de fuerza y un chantaje desde algunos países hacia el resto, imponiendo relaciones de dominación, que se traducen en lo político y lo económico. La fuerza disuasiva de las armas nucleares, que durante la Guerra Fría servía para mantener un delicado equilibrio entre las dos superpotencias, hoy sirve para tratar de imponer determinadas reglas del juego internacionales. Pero en la medida que los centros de poder sientan que pierden el control y la hegemonía internacional en lo político y lo económico, creerán necesario hacer gala de su poder destructivo, para que el mundo vuelva a estar bajo su dominio. Y la consecuencia necesaria de todo ello será un mayor recrudecimiento y globalización del terrorismo
Por eso es necesario que las potencias nucleares sean las primeras en dar el ejemplo y retroceder en la carrera de la violencia y el armamentismo. Y eso no es otra cosa, en primer lugar, que desmantelar los arsenales nucleares y retirarse ya mismo de los territorios ocupados.
Eso es lo que debieran hacer los gobiernos. Pero ya sabemos que en este sistema de democracias formales y mentirosas, rara vez los gobiernos hacen lo que los pueblos necesitan. Excepto que los pueblos se pongan de pie para exigirlo, y para cambiar a los gobernantes de ser necesario. Por lo tanto, cuando hablamos de lo que se debe hacer, debiéramos decir más bien, qué es lo que los pueblos deben exigirle a los gobiernos que se haga.
Desde luego que un gran desafío al respecto, lo tienen los pueblos de los países que poseen armas nucleares. Comenzando por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (supuestos garantes de la paz), y que son USA, China, Gran Bretaña, Rusia y Francia; acompañados por el resto del club nuclear: Pakistán, India, Israel y Corea del Norte.
Pero para que los gobiernos de esos países desmantelen sus arsenales nucleares, y para que ningún otro país los construya, será necesario hacer oír el clamor de todos los pueblos del mundo. Porque todos los habitantes del planeta somos rehenes de la amenaza nuclear, y reclamamos nuestro derecho a vivir en paz y libertad, y no se vive en libertad cuando se vive amenazado.

Y desde luego que a partir del desarme nuclear y del retiro de las tropas de los territorios ocupados, debiera iniciarse un desarme general progresivo de todo tipo de armamentos. Hay que reconvertir la industria bélica, la industria de la muerte, en una industria para la vida. Baste decir que con el 10 % del presupuesto mundial destinado a las armas, se podría resolver el hambre en todo el planeta.
Y desde luego que mientras la amenaza de la guerra y la destrucción se aleje, habrá que hablar también de ir resolviendo de modo no-violento, los problemas de injusticia, de pobreza, de salud, de educación, de medio ambiente, y tantos otros, desde la óptica de un Humanismo Universalista.
Pero sabemos que la construcción de una Nación Humana Universal, comienza por la paz y la no violencia activa.

La Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia


El Movimiento Humanista, que basa sus propuestas y su acción en la filosofía del Humanismo Universalista, hace propia la iniciativa de uno de sus organismos, la fundación “Mundo sin Guerras”, de promover y realizar una Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia.
Todos los organismos y frentes de acción del Movimiento Humanista, articulados con numerosas organizaciones sociales, culturales, educativas, gubernamentales, deportivas, y de toda índole, ya comenzaron a trabajar para promover esta Marcha, de características únicas en la historia.
Por primera vez se realizará una marcha a través de cerca de 100 países, partiendo el 2 de octubre del 2009 (Día internacional de la No-Violencia) desde Nueva Zelanda, culminando el 2 de enero del 2010 en Argentina (Punta de Vacas-Mendoza). Durante tres meses se realizarán en casi todo el mundo, marchas por ciudades, festivales, foros, conferencias, y todo tipo de eventos que sirvan para concientizar a los pueblos sobre la imperiosa necesidad del desarme nuclear, del retiro de tropas de ocupación, y de trabajar para terminar con todo tipo de violencia en el mundo. Pero si bien esta Marcha Mundial tiene un plazo formal de duración, podemos decir que las actividades relacionadas con sus objetivos ya han comenzado, y continuarán multiplicadas más allá del 2010, como un fenómeno que no se detendrá hasta lograr el desarme y la paz en el mundo,
Esta Marcha Mundial se realizará para denunciar la peligrosa situación mundial que nos está llevando hacia la guerra nuclear, para que millones de personas en las calles hagan que se escuche lo que desde el poder se quiere silenciar. Para que la humanidad tome conciencia del peligro nuclear, y a partir de allí cuestione las políticas armamentistas y violentas de algunos gobiernos, o condene el silencio cómplice de otros.
Así como los violentos han globalizado su irracionalidad, y hoy todo el mundo está amenazado por ellos. Así también la respuesta de los pueblos debe ser mundial, debe abarcar a todos los países, debe involucrar a todos los pueblos, porque la vida es de todos.


La Marcha Mundial en Argentina

Seguramente que, así como hay mucha gente en el mundo que no ha tomado conciencia, del inminente peligro que significan las armas nucleares y la escalada belicista, en el caso de Argentina probablemente esta falta de conciencia sea aún mayor. Baste decir que el 60 % de sus habitantes, o no había nacido aún o era niño cuando terminaba la Guerra Fría.
Argentina es un país que no tiene, y que ha renunciado a tener, armas nucleares. No es un país armamentista, ni tiene conflictos ni hipótesis de conflictos armados en su horizonte. Es un país que se encuentra en la periferia, lejos de donde se toman las grandes decisiones internacionales, y con pocas posibilidades de influir en ellas. Su población, lejos está de sentirse responsable de los conflictos armados del mundo, y algunas veces creyó también estar lejos de sus consecuencias. Sin embargo, los sangrientos atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, debieran servir de alerta: ningún país está libre de esta violencia globalizada. A su vez, los ejemplos de violencia política producidos en países de la región, como Bolivia y Venezuela, alentados desde el gobierno de USA, también debieran servir de alerta: cuando se afectan los intereses del poder económico global, siempre aparece la violencia imperial, la misma que en los años 70 se canalizaba a través del Plan Cóndor que en Argentina se cobró miles de vidas.
Los irresponsables que manejan el mundo, son una amenaza para todos los pueblos, y Argentina no es una excepción. Y si en este momento, los coletazos de una crisis económica generada en el “primer mundo”, se sienten en este remoto país, hay que saber que mucho peores serán las consecuencias de un desastre nuclear mundial.
Es por ello que el pueblo argentino, al igual que todos los pueblos del mundo, debieran tomar conciencia de la necesidad de un desarme mundial, y salir a las calles a exigirlo. El pueblo argentino debe manifestarse, sumando su clamor al de otros pueblos para pedir por el desarme mundial, y pedir a su propio gobierno que en los foros internacionales trabaje enérgicamente en ese sentido.
Pero además de esa responsabilidad, el pueblo argentino tiene una más, porque al ser Argentina el país donde culmina la marcha, deberá duplicar el esfuerzo para que el cierre de la misma sea visto en todo el mundo.
Habrá que convocar entonces a toda la sociedad, a las personas sin distinción alguna, que vivan en cada pequeño pueblo o en cada gran ciudad, para que se movilicen y participen, en marchas, festivales, eventos y foros. Habrá que convocar a todas las organizaciones sociales de todo tipo, para que se involucren en la organización y difusión de estas actividades. Habrá que pedir a los gobiernos de los diversos niveles, municipales, provinciales y nacional, que se involucren y colaboren en la difusión y en la logística. Habrá que pedir a las empresas que colaboren con su aporte y su participación. Y por sobre todas las cosas, habrá que lograr que los jóvenes hagan propia esta marcha, porque en ellos está la fuerza del futuro.